Soraya SánchezVolver a la página
Te Toca Reinventarte / Ensayo 01

Te toca reinventarte: conectando los puntos

Probablemente te has reinventado muchas veces sin saberlo.

Quizás una idea se convirtió en un pequeño negocio que no pudiste continuar porque la rutina, los hijos o las responsabilidades te llevaron por otro camino. Quizás aprendiste algo por curiosidad, comenzaste un proyecto o descubriste una habilidad que después dejaste pendiente.

Es fácil mirar atrás y pensar que aquello quedó en nada. Sin embargo, esos pequeños emprendimientos, las ideas que todavía te entusiasman, los artículos que guardas y hasta las cuentas que sigues en las redes sociales pueden ser pistas de tu próximo camino.

Hay una historia de Steve Jobs que me gusta mucho. Después de dejar sus estudios formales en la universidad, siguió asistiendo como oyente a algunas clases que le interesaban. Una de ellas era de caligrafía. Le cautivaban las formas de las letras, los espacios y los detalles de la escritura.

En aquel momento no sabía para qué le serviría aprender aquello. Años después, cuando desarrollaba la primera Macintosh con su equipo, esos conocimientos influyeron en las tipografías de la computadora.

Jobs hablaba de conectar los puntos. De cómo algunas experiencias adquieren sentido cuando miramos hacia atrás.

Cuando pienso en mi propia historia, puedo reconocer esos puntos.

Mi historia con los contenidos comenzó siendo muy pequeña. Todos los viernes, mi mamá compraba las revistas de farándula de la semana: Vea, TeVe Guía, Artistas, Estrellitas, ¡Hola! de España… Acostarme a su lado mientras las hojeaba me despertó una curiosidad por aquel mundo que entonces no sabía explicar.

Me imaginaba entrevistando a esos artistas, conociéndolos y escribiendo sus historias.

Sin embargo, cuando llegó el momento de escoger una carrera, me tocó decidirme por algo “seguro”: Gerencia con concentración en Contabilidad.

A mi mamá no le entusiasmaba la idea de que estudiara Comunicaciones. Sabía que entrar a trabajar en los medios no era fácil y le preocupaba mi futuro. Yo escogí la seguridad, pero aquella curiosidad seguía conmigo. En la universidad tomé electivas de redacción y periodismo porque, como una se dice a veces, “uno nunca sabe”.

Hoy veo que ahí también estaba poniendo puntos en el camino.

Ya trabajando como contable, surgió la oportunidad de escribir para una de aquellas revistas. Les llamaban colaboraciones. Significaba trabajar los fines de semana y los días festivos, en el tiempo que me dejaba mi empleo.

Para mí, era la posibilidad de acercarme a lo que me apasionaba sin tener que dejar todavía mi trabajo seguro.

Hasta que un día una de las reporteras renunció porque se casaba y se iba del país. Su plaza quedó disponible.

El sueldo era mucho menor que el que ganaba como contable. Aun así, se abría ante mí la puerta de ese mundo que había imaginado desde niña, acostada al lado de mi mamá, entre revistas e historias de artistas.

Esta vez, la decisión me tocaba a mí.

El desenlace ya lo conocen: aquella revista fue mi primer trabajo en los medios de comunicación y el inicio de mi carrera profesional.

Al mirar atrás, puedo ver la conexión entre aquellas lecturas de los viernes, las electivas que tomé por curiosidad y las colaboraciones que hacía en mis días libres. Cuando llegó la oportunidad, ya había comenzado a prepararme para ella, aunque no lo supiera.

Por eso, cuando te preguntes “¿para qué estoy haciendo esto?” o sientas que algún esfuerzo quedó perdido, date un momento para mirar tu recorrido.

Puede que hayas aprendido algo que todavía no has tenido ocasión de usar. Puede que una idea que dejaste pendiente encuentre ahora su momento. Incluso una experiencia que no quieras repetir puede ayudarte a decidir hacia dónde moverte.

No siempre sabemos qué lugar ocupará cada cosa que vivimos.

A veces, reinventarte comienza cuando reconoces la conexión entre lo que siempre te ha interesado y lo que hoy te atreves a hacer.

¿Y qué pasó con la contabilidad?

Bueno, esa es una historia para otro día

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